Open Mic | Violencia de género y cultura machista

1.10.17


La idea de Open Mic es hablar de cosas que no tienen relación (o quizás sí) con la literatura. Surgió de la necesidad que tenía como persona, ya no tanto como lectora, de hablar de ciertas cosas que creo está bueno hablar. Aprópiense de esta sección, háganla suya, propongan algo que de lo que les interese hablar o que quieran escuchar a alguien más sobre el tema... busco que quien quiera pueda habar de los temas que quiera o necesite, y de ahí el nombre.

Cómo salís a hablar es tu elección: nombre y apellido o en anónimo. Sólo con tu anécdota, con algo que le quieras contar a la gente, que querés que se sepa cuenta. Antes de que me cuentes tu historia podemos charlar, podés sacarte las dudas y los miedos y, si al final no querés sumarte a la sección, no hay ningún problema. Sé que es difícil confiar cosas personales a la gente, pero quiero que sepas que prometo total discreción y anonimidad, en el caso de que no quieras exponerte. No busco chusmeríos, no busco exponer a nadie, sino que la gente se pueda sacar las cosas de adentro y, si sirve, contárselo a otra gente... y, si no querés que salga, si sólo querés contárselo a alguien, acá estoy. No juzgo, mi boca está sellada y si ni siquiera querés que te responda porque sólo necesitás sacártelo de encima, me lo aclarás en el mensaje y listo.

Podemos charlar por mail (hagan click en ABOUT), por mensaje privado de Twitter o de la página de Facebook del blog. También por Curious Cat, dejando preguntas (primero me llegan a mí y puedo decidir publicarlas o no; si no quieren, aclárenlo en la pregunta) o confesiones (se publican directamente, sin un chequeo previo de mi parte) de forma anónima o con su cuenta de CC.

Lo digo siempre, cada vez que puedo, y es verdad: estoy acá para escuchar. Realmente quiero que tengan a alguien a quien acudir cuando tengan/quieran/necesiten hablar de algo, porque yo no tuve a esa persona y, aunque de eso terminó surgiendo el blog, no está bueno. Sentirse solo no es algo lindo. Así que, again guys, y perdón que suene repetitiva, acá estoy para escuchar.

Hoy hablamos de algo que nos afecta a todxs, hombres y mujeres por igual: la violencia de género y la cultura machista y patriarcal. Gracias a la persona que nos contó su experiencia con respecto a esto :)


Cuando empecé el profesorado sufrí acoso sexual de parte de un compañero, y unas compañeras que estaban enteradas hicieron la denuncia por mí. Yo me quería morir. El resto del grupo le creía al tipo. La jefa de área habló conmigo para que yo denunciara, e incluso tuve que ir a la comisaría. Hice la denuncia, tanto en la institución como por medios legales. A los dos meses de sufrir "una especie de acoso escolar versión adulta" otras dos compañeras se animaron a denunciar al tipo por un comportamiento similar unos meses antes de lo que pasó conmigo. 

La Institución no solo se lavó las manos, sino que despidió a la Jefa de Área.

Terminé abandonando la cursada por dos años. Cuando volví al Instituto me enteré de que el tipo había acosado a cuatro compañeras más después de mi denuncia porque la escuela no lo echó. La última semana que el tipo se presentó al Instituto, cuando por fin le dieron el raje, publicó fotos de su pene en el grupo de Facebook de la Institución.

En el medio un quilombo importante, porque mis padres están divorciados y no se llevaban exactamente bien pero aún así lo fueron a encarar al tipo juntos. No sirvió de nada, pero ellos se sintieron mejor. Ahora se mandan chistes en Whatsapp como si fueran superhéroes.

No sé si entra en la definición típica de violencia de género, porque el tipo nunca me pegó, pero legalmente tampoco es una figura judical la de "acoso sexual". Uno lo dice, los abogados lo mencionan, pero no está como delito. ¿Pueden creer? Creo que cuando me pasó esto todavía no estaba instaurada la Comisaría de la Mujer.


La primera vez que me sentí mal por ser mujer tenía más o menos siete u ocho años. Estaba en natación, una extracurricular que ofrecía mi colegio a un precio menor que las clases de los gimnasios de primero a tercer grado, que mi mamá me decía que era obligatoria porque yo no quería ir, y ella quería que aprendiera (primero yo y un año después mi hermana) a nadar.

Odiaba ir no tanto por los ejercicios y la natación en sí, sino porque nos cambiábamos todas las chicas juntas. No tenía vergüenza de mi cuerpo (aún no la tengo, tbh), pero me incomodaba tener que cambiarme con otras 10, 12 chicas cuando toda la vida mi mamá me enseñó otra cosa.

(Ser mujer se trata un poco de eso, de que te enseñen cosas desde chica: no es sólo no hables con extraños, sino también que grites si se te acerca un hombre que no conocés; no es sólo no agarres ninguna golosina que te den, sino también no agarres ningún papel, ninguna promoción, nada que te ofrezcan que pueda tener burundanga o similares, que grites si te intentan forzar a tomar algo que vos rechazaste; no es sólo no confíes en ningún hombre y menos uno que no conozcas, sino también es no confíes en nadie, ni hombre ni mujer ni chico ni grande, porque están todos metidos en eso... es decidir no ayudar a una señora grande que se cayó en la calle porque muchos secuestros empiezan así, es decidir ignorar a un nene que está buscando a su mamá en medio de la calle porque muchos te guían a aquél que te va a agarrar, es decidir si le respondés bien o mal a un señor que te para en una esquina para preguntarte una calle en tu ciudad natal, porque si decís que no sos de ahí tenés riesgo y si sabés en dónde estás parada, también).

En mi grado había un grupito de chicas esteoreotípicamente populares y forras, de las cuales gracias a Dios las tres más crueles (y líderes) se fueron del colegio antes de empezar la secundaria, que siempre se vestían del otro lado de los cambiadores, de espalda a mí. 

La primera vez que usé desodorante (aunque no era la primera ni sería la última) utilicé el que es en aerosol, porque el roll on me lastima mucho la piel, que es súper delicada. Se dieron vuelta enseguida, buscando el origen de ese sonido, y se empezaron a reír cuando me vieron ahí, cambiándome y guardando el desodorante en aerosol en el bolsito. Las miré y se dieron vuelta, siguieron con lo suyo, e hice como que no escuchaba cómo se reían y burlaban de mí. 

Desde ese momento tardaba menos de dos minutos en bañarme y me cambiaba a las corridas para no cruzarme con ellas, incluso si no me había secado del todo. Y usé desodorante roll on en su presencia hasta que se cambiaron de colegio.

La segunda vez que me sentí mal por ser mujer fue con mi ex, tiempo después de haber cumplido los 16. Hacía un año y pico estábamos saliendo, y a mí me había dicho la ortodoncista que probablemente iba a tener que ponerme brackets muy pronto para corregir un par de imperfecciones que más adelante podrían no ser solamente algo estético. Empezaba a ver borroso el pizarrón de la escuela, así que ya estaba pensando en volver al oftalmólogo para saber si necesitaba o no anteojos. Poco después comenzaría a tomar pastillas anticonceptivas para controlar un problema de hormonas que ya se había empezado a notar, y en ese momento me había hecho subir unos dos o tres kilos. 

Cuando esa semana vino a pasar el finde a mi casa, porque él, dos años mayor, estudiaba en Capital y pasaba los findes conmigo y mi familia, que ya lo tenían re fichado y no lo querían mucho que digamos, trajo su notebook. Yo para ese entonces tenía la compu normal, de escritorio, y como la puerta de mi pieza siempre estaba abierta y la pantalla se veía desde el pasillo él no me mostraba nada que no fuera ATP. 

Pero trajo su notebook y me mostró una foto de una chica. Tenía brackets, anteojos, era uniceja y se había atado el pelo en una colita baja. No era la foto que más la favorecía, que digamos, pero ella se había visto linda y la había puesto de foto de perfil de Facebook. Después, me mostró una de ella un año antes, más o menos, pintada y vestida para salir a bailar... espléndida, por supuesto. Pero volvió a la anterior. 

"Mirala", me dijo. "Esto le pasó cuando se puso de novia con mi amigo. Se dejó estar. Las chicas en general se dejan estar una vez que se ponen de novias. Yo no quiero que eso te pase a vos. Prometeme que no te vas a dejar estar".

Y yo, que en algún momento cercano iba a tener que usar brackets; yo, que, aunque aún no lo sabía, iba a empezar a usar anteojos y que los iba a mantener porque me dan impresión las lentes de contacto; yo, que siempre me ataba el pelo porque al tener rulos en esta ciudad húmeda el frizz es moneda corriente y siempre se me enredaba porque sí. Y yo, y yo, y yo... y yo se lo prometí. Que no me iba a dejar estar. Por él, no por mí.

Me costó unos seis meses, una frase de mi vieja y un corte de pelo que no llegó a ser rapada porque mi mamá no me dejó para dejarlo. No fue ni la primera ni última vez que me dijo algo así, que me hizo la cabeza y que me generó una gran persecuta psicológica, pero es la primera que recuerdo. Incluso tengo la foto de la chica, la pobre piba que sirvió de chivo expiatorio para su machismo aplastante y su hijaputez extrema, grabada en la cabeza.

No sería la primera ni última vez que intentaba perseguirme con esa metodología violenta y maltratadora de quién te va a querer si no te quiero yo. Lo peor es que seguramente ni se dio cuenta, porque el cerebro del machito violento labura así. Para ellos es natural, no lo toman como algo que hacen de hijos de puta: vos sos suya, vos tenés que hacer las cosas por y para él, si no estoy yo quién va a estar. Incluso llegó a decirme que a él no le gustaban las chicas normales, que a él le gustaba yo. Yo, que no era normal, que no podía llegar a gustarle a nadie más, que tenía que tenerlo a él porque sino no iba a tener a nadie más.

Nunca entendió por qué lo dejé. Aún debe pensar y seguir diciéndoles a todos que lo dejé por alguien más (una chica, porque cómo lo voy a dejar por otro macho mejor que él. Imposible, impensable, inimaginable. Lo tuve que dejar por alguien que no me podía dar lo que él no por una cuestión de capacidad personal suya sino por una capacidad biológica), y a mis amigos les dije que descubrí una conversación de Facebook con una amiga de él que hablaba de una piba con la que había habido onda —sexual, vale aclarar—, por lo que había decidido que si se estaba fijando en otra gente de verdad (nunca me pareció mal que en una pareja se pueda mirar a otra gente, apreciar la belleza desde lejos, porque somos humanos y hay gente hermosa en todas partes) es porque lo nuestro ya había sido. 

Es parte de la verdad. Sí existió esa conversación, sí me hirió, y si fue una de las razones por las que lo dejé y lo bloqueé de toda red social posible. Pero hasta hace un par de años, cuando comencé a entender la cultura machista desde un lugar teórico y menos filosófico-vivencial, pude darme cuenta de qué era lo que había pasado: me había dado vergüenza decirles a mis amigos lo que había pasado en realidad. Que dentro de mí sabía qué pasaba, que mi inconsciente registraba ese maltrato y lo naturalizaba a tal extremo que, cuando tuve que darles una razón por la que lo dejé, hice lo mismo que él pero a la inversa: yo lo dejé pero porque él me dejó por otras minas que deseaba más, lo dejé porque yo no era suficiente para él.

Siguen pasando los años (crucé la última palabra con él en el 2012, cuando le dije que mi viejo iba a ir a dejarle sus cosas que habían quedado en mi casa —y algo debe haber sospechado mi viejo, tan callado que a veces parece que no te escucha ni te registra, porque fue sin chistar y sin preguntarme ni una sola vez si quería acompañarlo a devolverle la caja de cosas) y yo sigo acordándome de esto, y les juro que no les miento, cada vez que me ducho. No por mi cuerpo, que ya comenté que es algo que no me acompleja (aunque podrías sacarme unos kilitos ya que estamos, @Dios), sino porque es el momento en el que estoy, más allá de lo literal, metafóricamente desnuda. Es el único momento del día en el que estás solo, vos y tu alma y tu conciencia, cuando sabés que nadie va a interrumpirte (excepto que tengas un solo baño y vivas con alguien que le dan ganas de hacer pis cuando te estés bañando), que nadie te va a hinchar al menos que sea urgente. Y ahí, creo, es el único momento en el que me relajo y bajo la guardia a conciencia. Ahí es cuando estas cosas me persiguen, cuando vuelvo a pensar en lo que debería haberle dicho, en lo mucho que me costó darme cuenta de esa atmósfera tóxica y machista que me envolvió durante años, y que recién ahora puedo comenzar a rechazar.

Aún hoy me da un poco de ansiedad cuando un hombre en el que no confío o no conozco del todo se me acerca; cuando mi compañero de facultad y de grupo, que es súper cariñoso y abraza a todo el mundo, se me sienta al lado; cuando algún compañero de laburo de mi vieja me pasa por al lado para agarrar el mate que alguien tomó y dejó ahí, abandonado; cuando hay que hacer cosas con gente que no conozco, desde grupos hasta presentaciones o filas en algún lugar para algo. Pensar en mi hermana como mujer me da ansiedad. La idea que un hombre se me acerque y me pregunte o pida algo, por más que me pregunte la hora o me avise que se me cayó algo en la calle, me da ansiedad. Su presencia masculina me da ansiedad. Mi lugar en esta sociedad como mujer, género al que desaparecen y violan y pegan y matan y dejan inconsciente y descuartizan y tiran al río y entierran y meten en la trata y empalan y drogan y abusan y agarran de a diez y usan de cenicero y prenden fuego y amenazan y tiran de un balcón y se la agarran con los hijos y con la familia y le tiran ácido y le lloran y piden volver y vuelven a hacer todo lo anterior una y otra y otra y otra y otra y otra vez me da ansiedad. Género que privan de un montón de cosas sólo por ser mujer, por ser el supuesto sexo débil, porque somos menos y merecemos menos, y no tenemos lugar en una sociedad en la que los más poronga, literal y metafóricamente, son los hombres.

La violencia se construye, no nace de un repollo. La violencia se construye con mujeres que en vez de ser educadas en un feminismo de hermandad de mujeres naturalizan el machismo desde la cuna. Se construye con gente como mi ex, que maltrata sin golpe (y ojalá me hubiera golpeado: me hubiera dado cuenta antes, y las heridas físicas sanan. Las que están adentro y no se tapan con maquillaje o manga larga probablemente no sanen jamás) e instala en la cabeza de la mujer esta idea de necesidad de un hombre, de dependencia e insuficiencia, y que por más que quieran pensar diferente creen saber que él siempre va a ser diez veces, veinte veces, mil veces mejor que ella. Se construye callando, sintiendo vergüenza, tapando todas estas cosas que yo hoy vomito acá y que vengo contando desde hace ya un tiempo. Hay un par de personas (casi literalmente) que me conocen personalmente a las que esto no las va a sorprender porque lo saben, pero a la mayoría sí. 

Ya no me da vergüenza, ya no me callo, ya (casi) no tengo miedo. Está claro que mi autoestima y confianza en mí misma está por las nubes: aprendí a quererme, a dar todo por mí y no por ninguna otra persona (hashtag real, no lo digo porque sea una frase armada), a entender que no me defino por nada de lo que alguien diga o piense de mí. Soy lo que soy por mi recorrido y mi presente, pero también por lo que me espera.

Hace poco leí una frase que me dio un tortazo en el cerebro: "no somos lo que no estamos destinados a ser". Si no le enseñás a tu hijx feminismo y respeto y no lo concientizás sobre la cultura machista en la que va a vivir el resto de su vida, entonces es muy probable que no pueda llegar a ser feminista y que sí reproduzca esa cultura machista. Si le enseñás a tu hijx a luchar contra el machismo y patriarcado, entonces probablemente esté destinado a entender en dónde está parado y qué está bien y mal de verdad. Si a esx hijx lx educás en el machismo, entonces la sangre de las mujeres femicidadas (asesinadas me parece muy general, y muertas por femicidio, como si un femicidio con patas les hubiera metido plomo en los pulmones, el cuello y la cabeza, me parece algo hueco) va a seguir salpicándote las manos y las facturas del psiquiatra y las recetas de Clona van a seguir siendo pagadas por billetes que quizás jamás tocaste, pero que ayudaste a desembolsar.

No somos lo que no estamos destinados a ser. No nacemos machistas, no nacemos patriarcales, no nacemos violentos. Machito violento patriarcal se hace, no se nace. Y si hay algo por lo que lucho, quizás desde este espacio y no en una marcha por la que siento demasiada ansiedad y pánico como para asistir, es para que vos no te conviertas en lo que mata a tu hermana, a tu vieja, a tu vecina, a la de la otra cuadra, a una desconocida. Para que no sigas reproduciendo esta lógica violenta que a todas las minas nos toca. Literal o metafóricamente, pero nos toca.

5 comentarios:

  1. Te quiero Flor, me encantan tus open mic!!!

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  2. Hola Flor!
    Me encanta este espacio,soltar y decir lo que tenes adentro siempre aliviana.
    Creo que las cosas van a cambiar cuando todos comprendan el espectro gigante que abarca la violencia,porque al dia de hoy no lo saben.
    Nuestra capacidad de resiliencia es increible,y por tu relato,veo que vos la tenes y de sobra.
    Espero el proximo espacio
    Beso

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  3. Me he quedado de piedra con la segunda historia, la verdad que tiene razón un hombre no nace machista, se hace machista gracias a nuestra querida sociedad
    Yo no he vivido algo tan duro con mis exs, pero si otros detalles como no hables así, las mujeres no hablan así o arreglate un poco más. ¿Ves como van esas niñas? Y cosas de ese estilo
    Queda un largo camino para conseguir la igualdad, pero una igualdad de pensamiento, no solo material.
    Un beso

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  4. Te quiero, Flor! gracias a las dos por compartir sus historias. Es súper importante hablar de esto. Para que las mujeres vean que no están solas, que lo que les pasa no es normal, que pueden Y DEBEN hablar. Y para que TODOS repensemos a dónde queremos ir como sociedad. Como dijo Chimamanda Adichie: “La cultura no hace a la gente. La gente hace la cultura. Si es verdad que no forma parte de nuestra cultura el hecho que las mujeres sean seres humanos de pleno derecho, entonces podemos y debemos cambiar la cultura” -- Me encanta que en este open mic, por más doloroso que sea, por más que nos llene de dolor, rabia y, sí, ansiedad, podamos terminar en una nota esperanzada. Creo que si nos educamos en el feminismo, esto puede cambiar.
    Por eso, otra vez, gracias.

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  5. trillado después de los últimos comentarios, pero te quiero, flor. me pusiste la piel de pollo varias veces. sos un ser humano ejemplar.
    la próxima marcha me hablás y vamos juntas, te lo digo en serio. Besos, abrazos y "nosvemospronto"s de Zacky.

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